Una tarde de insectos

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Aquella tarde en la Ciudad de México  se encontraba por este rumbo ese personaje cuyo nombre alude al ícono del viajero, un tal Francisco-Mundo que le tomaba fotos a las vitrinas que exhibían trompas de puerco para los tacos de carnitas. Mientras tanto el hambre hacía mella en el estómago de quien escribe estas líneas. Sin embargo, el callejoneo furioso de los rumbos del Eje Central nos llevaron al recóndito Mercado de San Juan conocido por la excentricidad y jactancia de sus productos. Ahí se pueden encontrar alimentos exóticos de nivel mundial como carne de león, de avestruz, de cocodrilo, de búfalo, entre otros, pero el destino nos fue dirigiendo a una experiencia entomofágica.

La entomofagia o comida de insectos ha sido una costumbre en estas tierras desde tiempos prehispánicos, aunque hay que reconocer que nuestra occidentalización ha consentido que no sólo nos olvidemos de esta práctica, sino que incluso se nos haga “extravagante (otros dirán que asquerosa)”. Llegamos a una bonita fonda, cuyos carteles anunciaban el menú insectívoro, así que nos decidimos a vivir esa experiencia y darle check a ese punto de nuestra bucket list. Ordenamos dos medias órdenes de un plato mixto de insectos cocinados de diversas formas que incluían entre otros: escamoles (larvas de hormiga), chinicuiles (gusanos de maguey), ahuautles (huevos de mosquito), chapulines, arañas asadas y un par de alacranes fritos. Obviamente cada uno con un sabor diferente y la mayoría de ellos medianamente agradables, excepto el alacrán cuya panza debo confesar que no me gustó pues estaba muy suave y cual niña de kínder no me atreví a comer su cola. Alguno que otro insecto tenía un sabor más que aceptable y chocolatoso, pero es cierto que es una experiencia que no creo repetir, por lo menos a propósito, pues se dice que este es el alimento del futuro… Y a todo esto, ¿a qué sabe un insecto? Bueno, no importa cuanto los cocinen, los insectos saben a insectos, algo así como a hierba seca y ahumada. Tuvimos que bajarnos el sabor con unas cervezas bien frías.

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