Museo Mina Las Dos Estrellas

Todo comenzó una tarde mientras observaba una película kitsch del cine mexicano de los años ochentas cuyos ínclitos protagonistas eran Pedrito Fernández y el mismísimo Resortes, dirigida por Pedro Galindo III y denominada “Pánico en la Montaña”, la cual me llevó inmediatamente a mi niñez cuando todo era inocencia y el mundo era enorme. La película muestra las aventuras de un par de buscadores de tesoros que llegan a una mina antigua donde sale un “monstruo” interpretado por un tal David Reynoso. Durante la película se observan las instalaciones de una mina rodeada de un espeso y exuberante bosque, que me atrajo de inmediato, por lo que me dispuse a revisar los créditos de la película para obtener información del lugar. La espera tuvo éxito al mostrar una leyenda que decía “agradecemos a las autoridades del Pueblo de Tlalpujahua y de la mina Las Dos Estrellas por las facilidades para la filmación de esta película”.

El Museo Mina Las Dos Estrellas se encuentra tan sólo a unos 10 minutos en automóvil del centro de Tlalpujahua y es una de las experiencias que ninguna de las personas que visite Michoacán se debe perder. La mina Las Dos Estrellas fue conocida por el periodo de 1908 a 1913 como la segunda mina que más oro extrajo a nivel mundial y la más importante de extracción de este metal en la historia de México. La compañía se inició en 1898 y operó hasta 1938, aunque después el gobierno y diferentes sociedades cooperativas la operaron hasta su cierre en 1959.

Desde el momento en que llegas a la recepción del museo-mina te das cuenta que será una visita mágica. Mientras esperas que se formen los grupos puedes observar las vitrinas con réplicas de los lingotes de oro y plata que se extraían en aquella época, también documentos, herramientas, billetes, imágenes y equipo utilizado por el personal minero.

El recorrido dura alrededor de una hora y las imágenes que se pueden captar son excelentes. Comienza con la historia de su descubrimiento y su fundación; se sabe que fue el señor Ignacio Ramírez quién halló el potencial de la mina, pero por falta de recursos y técnica no la explotó, fue entonces que un extranjero (para no variar) de la vecina población de El Oro que se dedicó a la tarea de buscar fondos y financiar él mismo el proyecto, su nombre era Francois Joseph Fournier de nacionalidad francesa. Este señor logró juntar en dos años 300 mil pesos de la época a través de diversos inversionistas poderosos de aquel entonces. La operación de la mina inició en 1899 y al excavar 650 metros de profundidad comenzaron a encontrar diversas vetas de oro, plata y otros metales, lo que provocó que la excavación no parara prácticamente hasta la catástrofe de 1937, logrando unos 250 kilómetros de perforaciones muy productivas.

La mina fue la más moderna de su época en México y una de las más modernas a nivel mundial. Para poder operar se realizaron muchos trabajos innovadores para su tiempo, como el hecho de ser una de las primeras empresas en trabajar con energía eléctrica en el país, la cual tuvo que traerse desde Puebla. En sus instalaciones llegaron a laborar hasta 5,840 mineros que en sus buenos tiempos lograban fundir de 120 a 180 lingotes de 35 kilos por quincena. Esta empresa fue autosustentable lo que significa que cualquier máquina, herramienta o artefacto que se necesitara era fabricado ahí mismo. Pero en la historia de las grandes empresas de la humanidad siempre hay dos lados de la moneda, es decir, no todo era miel sobre hojuelas. Durante el recorrido se cuenta que los trabajadores realizaban sus actividades en condiciones infrahumanas, pues se introducían prácticamente en calzoncillos y con casi ningún equipo de seguridad (tan sólo un caso de baquelita), lo que provocaba que los accidentes fueran diarios. Todo esto por tan sólo unos centavos al día y aunque había muchas instalaciones complementarias como sala de emergencias y tiendas, la mayoría de los productos y servicios se los cobraban al trabajador. De hecho la mina tuvo tanto poder en la zona, que creo sus propios billetes y monedas con los cuales se les pagaba a los mismos trabajadores quienes tenían la encomienda de comprar sus productos en las tiendas de raya de la misma compañía y que si no tenías para comer te podían dar productos a crédito pero con intereses inalcanzables. Lo triste es que en ese entonces la mayoría de trabajadores industriales a nivel mundial trabajaban en condiciones similares (o peores). Mientras el guía te va contando la historia te muestra pruebas de lo que dice e incluso puedes ingresar a 120 metros de profundidad para conocer las características del socavón. Durante el recorrido vas de una instalación a otra y cada vez es más sorprendente. Incluso se muestran obras del muralista Gustavo Bernal cuya idea permitió convertir la mina en museo. Al término del recorrido te piden una cooperación cuyo monto tú mismo podrás considerar. Lo que si te recomendamos es que vayas con tiempo y descansado para que puedas disfrutar de todas las instalaciones.

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